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En qué invertir la vida

El Dasein (hombre) es un ser para la muerte. Martín Heidegger, filosofía existencialista.

A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido. Bertrand Russel, filosofía analítica.

Una de las preguntas más antiguas que la humanidad se ha hecho es sobre el propósito de la vida. En la filosofía encontramos muchos pensadores en el área filosófica tanto ateos como cristianos meditaron en esto. Por la brevedad, miraremos superficialmente algunos pensamientos no cristianos de los pensadores más relevantes para la sociedad occidental.
Platón (el bien): con nuestra vida hay que alcanzar el bien, este bien no es una mera idea, sino que la base de todas las cosas, y sólo el alma purificada en varias reencarnaciones puede alcanzarla.
Aristóteles (la felicidad): el propósito de nuestra vida es alcanzar nuestra propia felicidad, no podemos saber si fuimos felices hasta el final y esta felicidad es individual nadie nos puede decir qué no hará felices.
Marxismo (el legado): el propósito de la vida es hacer progresar a nuestra sociedad, pues es el único legado que dejamos, ya que nuestro ser se acaba con la muerte y lo único que queda es lo que hicimos.
El existencialismo ateo moderno (la muerte): hasta que sintamos la aflicción de la muerte, podemos dar valor a las cosas que hacemos y por lo tanto darle sentido a nuestra vida. Es algo personal, nadie nos puede decir que es.
Estas posiciones son netamente especulaciones humanas interesantes pero cortas. Al final todas se acaban con la muerte de las personas, exceptuando a Platón que cree en la reencarnación casi infinita, pues a nuestro criterio nunca el ser humano va a poder purificarse por sí mismo ni aunque tuviera milenios e infinitud de oportunidades para hacerlo, ya que somos pecadores por naturaleza.
Algunos pensadores cristianos han querido adaptar estas posiciones mundanas, al cristianismo diciendo: el bien platónico es Dios y por eso debemos de alcanzar ese sumo Bien que es Dios. O que la felicidad aristotélica, se alcanza únicamente en Dios. También, que el mejor legado que podemos dejar es el servicio a la comunidad por amor a Cristo. O bien, la muerte revela las cosas espirituales. Estas adaptaciones cristianas a los pensamientos mundanos, pueden sonar bonitos, pero tienen problemas de fondo pues las filosofías humanas ven esta vida terrenal como un fin y no como un medio. La vida terrenal tiene una finalidad o un propósito, pero no es un fin en sí mismo. Podemos estudiar la vida terrenal, a la luz de la Biblia, como una asignación temporal y como un fideicomiso.

Como una asignación temporal: se ve esta vida terrenal como vivir en un país extranjero (forasteros) o como que estamos de paso en este mundo (peregrinos) (Salmo 119:19; 1 Pedro1:17). Comparados con la eternidad, una vida de cien años, es un pestañazo en el tiempo. Eclesiastés nos enseña que el devenir de esta vida es efímera, una vanidad, un absurdo y un sin propósito por sí mismo en los primeros capítulos, con el propósito de enseñar que es un error dedicar la vida sólo a las cosas materiales; sin embargo Salomón nos enseña que la vida adquiere sentido cuando nos damos cuenta que la vida espiritual es algo que permanece para siempre. Podemos estudiar en el capítulo 11 de Hebreos, como es que las personas de fe habían puesto sus ojos, no en las cosas de este mundo sino en “la certeza de lo que se espera” es decir la vida espiritual. Esto caracteriza a las personas de fe, es decir a los auténticos cristianos. Esto no implica el desprecio de la vida terrenal, pero no se debe caer en el error de menospreciar la vida espiritual y dejarla en segundo plano por esto efímero.

La vida como un fideicomiso: según la Real Academia Española, un fideicomiso es la “disposición por la cual el testado deja su hacienda o parte de ella para que, en caso y tiempo determinados, la trasmita a otra persona o la invierta del modo que se le señala.” Es decir Dios nos da la vida, y nosotros como siervos de Él la debemos de cuidar e invertir de manera que le agrade a Él. Obsérvese las parábolas de Mateo 24: 45-51 y Mateo 25:14-30 en ambos hay mayordomos que hicieron mal con los recursos que le son provistos y son castigados por eso. A todos se nos ha dado talentos no lo desperdiciemos y cumplamos nuestro deber en el servicio al Señor en la iglesia (1 Corintios 12).

No desperdiciemos nuestras vidas en las cosas de este mundo, demos prioridad a las cosas espirituales como buenos cristianos. ¡Que el servicio al Señor sea nuestro mayor propósito para el 2019!