Agustín de Hipona

Es necesario estudiar a hombres que a través de la historia tuvieron que luchar con los temas teológicos en defensa de la fe.  Por supuesto, muchas de las controversias que ellos tuvieron posiblemente no son las más relevantes en el día de hoy,  pero no por ello son menos importantes.  Todo lo que se discute en la teología tiene su valor y en determinados momentos cobra de nuevo trascendencia.

Ahora queremos recordar algunos de los temas que llamaron la atención de Agustín de Tagaste (Argelia, en el África) Nació en el  354 y murió en el 430.  Hijo de Patricio y Mónica y padre de Adeodato.  Leyó el Hortensio de Cicerón lo cual le despertó mucho amor por la sabiduría.  Llegó a estar en la secta de los maniqueos durante 9 años, pero nunca le satisfizo.  La razón es que era un hombre deseoso de conocer la verdad, lo cual le angustiaba y también anhelaba explicarse el problema del origen del mal.  Esto se nota en mucho de lo que escribió.  En el maniqueísmo nunca pasó de auditor (oyente) que era el grado más bajo de los miembros.  El maniqueísmo pretendía ser científico y racional, pero en el fondo era dogmatismo teosófico.  Su primer libro fue publicado cuando tenía 26 años: “Lo hermoso y lo adecuado”.  En Milán conoció al obispo Ambrosio, quien trató de orientarlo al cristianismo, pero éste alegorizaba la Biblia.  Sin embargo al leer la Escritura llegó a la conclusión de que Jesucristo era el único camino a la verdad y la salvación.  Entre sus libros ya cristianos están: Las confesiones, La ciudad de Dios, Tratado acerca de la Trinidad,

Agustín fue filósofo y teólogo.  Católicos y protestantes lo consideran el campeón de la verdad cristiana frente a los maniqueos, arrianos y pelagianos.  Se le llama el doctor de la Gracia por su posición en cuanto al hecho de la salvación que no es por obras sino por la gracia de Dios.  En este punto el protestantismo ve en él al más evangélico de todos los padres y se convierte en el primer precursor de la Reforma.  Desarrolló ampliamente el dogma niceno de la Santa Trinidad en oposición al triteísmo y al sabelianismo.  Su concepto de Filioque lo marginó de la iglesia griega.  Agustín adoptó la posición de Cipriano en cuanto a la iglesia. Y agregó las notas de unidad, santidad, universalidad exclusividad y maternidad.  No cree en la infalibilidad de la iglesia.  Fue el primero en dar una definición del sacramento como signo visible de la gracia invisible, pero no habló de siete como se habló más tarde.  Enseñaba que el bautismo con agua era indispensable para la salvación incluyendo a los niños. Veneraba a María, pero nunca la llamó “madre de Dios”, ni la consideró libre del pecado original, aunque sí del actual.  En la controversia pelagiana desarrolló su antropología.    Él al igual que Pablo y los reformadores enseñan la depravación total del hombre por el pecado, lo cual era rechazado por el monje Pelagio.

Acerca de la creación en general enseñó que había sido creada ex nihilo.  El hombre fue creado sin pecado, pero cuando Adán pecó todos los hombres pecaron en él “germinalmente”.  Por tanto el pecado original, es ante todo un elemento físico que se hereda de Adán mediante la generación,  pues Agustín creía que el alma humana no es creada por Dios en el momento de que la persona nace, sino  que es transmitida a través de nuestros padres, lo mismo que el cuerpo.  Con la caída original el hombre perdió la capacidad de hacer el bien sin la gracia de Dios.  “Las obras mejores, de los mejores paganos son pasos grandes, pero fuera del camino” –decía.  La verdadera libertad consiste, según Agustín, no en la facultad de escoger entre contrarios, sino en la capacidad para escoger el bien, capacidad que sólo poseen los redimidos.  La salvación y la condenación dependen del decreto eterno e inmutable de Dios.  (En esto era un calvinista mucho antes de Calvino).  En el terreno de la ética, sostuvo que el amor es la suprema ley y que todas las demás virtudes, adquieren su forma mediante el amor.  En situaciones éticamente ambiguas, sólo la palabra de Dios puede determinar cuál pecado es mayor, y por ello cuál ha de ser evitado a toda costa, pero Dios concede a veces excepciones del cumplimiento de la ley, como el matar en una guerra justa y en suicidarse como en el caso de Sansón.

Ampliando el tema de las controversias

Hay cuatro controversias mayores en la vida y el ministerio de Agustín.  Mucho de esto se debió a que era pastor y quería defender a su grey y la fe que ellos profesaban.  Así que el tema de la lucha contra las herejías no es nuevo.  Siempre ha habido gente que se sale de la sana enseñanza de la Escritura.  La mayoría de sus primeras obras fueron dirigidas contra los maniqueos, a los cuales él había seguido antes y que se sentía en la obligación de refutar.  En esta primera controversia desarrolló el tema del origen del mal y su doctrina del libre albedrío.  Este último es interesante si recordamos que en cuanto a la salvación se adelantó a Calvino.  En este punto toma prestado algo de sus lecturas platónicas.  No hay que olvidar que en cuanto a filosofía él seguía mucho a Platón, como después Tomás de Aquino siguió a Aristóteles.  El afirma que el mal no es una realidad de origen independiente.  A fin de cuentas toda realidad viene de Dios.  Todas las creaturas se acercan a Dios.   Las que más se acercan son mejores que las otras; pero esto no quiere decir que las otras sean malas.  El mal no es entonces, una sustancia, sino que consiste en alejarse del Creador.  Así por ejemplo, el alma creada para la contemplación de Dios cae en el mal cuando se dedica en su lugar a la contemplación de las creaturas.  Para explicar cómo esto puede suceder, Agustín apela a la doctrina del libre albedrío.  El ser humano (y los ángeles) tiene libertad para determinar su propia acción.  Esa libertad como todo lo que Dios ha hecho es buena.  Pero el ser humano la empleó para el mal para apartarse de Dios y allí está la raíz del mal.

La segunda controversia fue con los donatistas (seguidores de Donato).  Ellos decían que los cristianos que durante la persecución se habían doblegado y no se habían sacrificado eran indignos de realizar actos litúrgicos (oficiar con los sacramentos).  A esto Agustín contestó que quien les da valor a los sacramentos no es el que oficia sino Dios y que el sacramento vale por sí mismo (ex opera operato).

La tercera controversia fue con las doctrinas de Pelagio acerca del hombre.  Éste decía que aun en su estado de pecado, el hombre es capaz de decidir hacer el bien y aceptar la gracia de Dios.  Los niños no tienen pecado original y que sólo existe el pecado que cada uno comete personalmente.  A esto Agustín respondió que aunque sí hay libre albedrío, el pecado priva al hombre de la libertad de hacer el bien.  Esto no quiere decir que no tenga libertad, pero en su estado pecaminoso todas las opciones que se le ofrecen son pecaminosas.  Tiene libertad para escoger entre ellas pero no para no pecar.  Por eso es necesaria a gracia de Dios, la cual es irresistible, porque si pudiéramos resistirla por el mismo pecado la resistiríamos.  Nadie puede por lo tanto jactarse de haber aceptado la gracia, ni creerse mejor que quien no la aceptó.  Si podemos decir que somos salvos todo el mérito y la gloria le corresponden a Dios y no a nosotros.

La última controversia fue tras la caída de Roma en poder de los visigodos en el 410.  Los paganos decían que la caída de Roma se debía a que habían abandonado a sus dioses y la culpa la tenían los cristianos.  De aquí surgió el libro “La Ciudad de Dios” donde hace un repaso de la historia de la humanidad para enseñar que la razón de lo que sucedió con Roma era otra.  Este libro es la primera filosofía de la historia y después otros han desarrollado ideas parecidas pero Agustín es el precursor de este tipo de pensamiento.  En este libro dice que existen dos ciudades (hoy se diría dos sistemas o grandes órdenes), uno es la ciudad terrena construida sobre el amor a las creaturas, o más bien el deseo concupiscente de poseerlas.  La otra es la ciudad de Dios fundada sobre el amor a Dios. Todos los sistemas políticos que han existido en el mundo son terrenos y por eso destinados a desaparecer.   Sólo la Ciudad de Dios representada por la Iglesia en el mundo permanecerá para siempre.

Finalmente mencionemos algo de su epistemología; él decía que el verdadero conocimiento no se refiere a las cosas pasajeras que los sentidos perciben, sino a las verdades eternas, a la realidad de las cosas, que los sentidos jamás pueden penetrar.  Para la reflexión y la enseñanza utilizó el método de la duda.  La duda con el propósito no de simplemente dudar sino de llegar a la verdad.  Como veremos después su duda era existencial como la de Pascal, no era una duda racional como la de Descartes.

Los comentarios están cerrados.

Create a website or blog at WordPress.com Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

error: ¡El contenido está protegido!
A %d blogueros les gusta esto: