El amor en las relaciones humanas

La  Biblia enseña que los dos más grandes mandamientos de la Ley son amar a Dios y al prójimo.  Ese es el corazón de la Religión verdadera.  Y amar a Dios consiste en agradarle con nuestra buena conducta.  Amar al prójimo consiste en buscar el bienestar de nuestros semejantes.  Esto lo ejemplificó el Señor Jesús con la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10: 25-37).  En esa parábola un hombre asaltado recibió la ayuda de un viajero samaritano y no actuaron así un sacerdote y un levita que pasaron enterándose del problema sin hacer nada.  El samaritano tuvo misericordia, o amor entrañable por aquel necesitado a quien nunca había visto.  Lo auxilió vendándolo, llevándolo a un mesón, cuidándolo y pagando para que lo cuidaran.  Ese hombre buscó el bienestar de su prójimo aún sin conocerlo previamente.  Eso sí se llama amor desde el punto de vista bíblico.  La Biblia exalta el amor divino que Dios derrama en aquellos que de verdad le han abierto su corazón a Jesucristo.  Y dice que si uno tiene habilidades hasta sobrenaturales pero no tiene amor de nada  sirve (I Cor. 13: 1).  Una persona que dice ser cristiana debe tener el amor de Dios como móvil de todas sus acciones.  Y ese amor es descrito en la Biblia con muchas facetas que atañen a la relación con otras personas.  El amor es sufrido, es decir paciente (I Cor. 13:4).  La palabra que usa Pablo aquí es makrotumía, formada por dos términos griegos:  makros=grande; tumós=alma o corazón.  Esto significa que cuando hay verdadero amor la persona tiene un gran corazón que manifiesta mucha paciencia especialmente con las personas, aún con aquellas que son hostiles.  También incluye un autorefrenamiento ante la provocación de otras personas e implica no tomar represalias contra los que nos dañan.  Pablo dice que el amor es benigno, lo cual hace ver otra faceta del amor en la relación con otros.  Es la bondad de la persona en acción mostrando compasión con hechos concretos.  Pablo agrega que el amor no tiene envidia.  O sea que cuando amamos verdaderamente no tenemos ese sentimiento de disgusto producido al oír o ver la prosperidad de otros.  Según este texto de la Biblia el amor no es jactancioso, no hace nada indebido, no es indecoroso, no es egoísta, no se irrita, no guarda rencor, no le dice  “me las debes” a alguien que nos ofendió sino perdona.  El amor todo lo sufre o soporta con paciencia, todo lo cree, es decir confía en los demás y todo lo espera, es decir que tiene esperanza en que las personas equivocadas se enmienden.  La falta de amor es uno de los grandes motivos para los problemas entre los seres humanos.  Amemos y gozaremos del beneplácito de Dios, aunque muchas personas no lo reconozcan.

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