Confiemos en Dios

Al comenzar otro año muchas personas estarán a la expectativa de lo que en él podrá ocurrir.  El ser humano es capaz de proyectarse y de pensar en el futuro.  Lo que sí ocurre es que como no sabemos qué pasará eso puede traer incertidumbre.  Eso puede ser aprovechado por algunos vaticinando, profetizando y tratando de leerle la suerte a las personas que quisieran anticiparse a los acontecimientos.

La Biblia que es la Revelación de Dios nos da los principios para todo y el caso del futuro no es la excepción.  Sólo tomemos el texto de Isaías 46 como base para esta meditación.  En ese pasaje de la Escritura escrito unos 730 años A. C. el profeta exhorta al pueblo de Israel y a nosotros a que confiemos en él.  Muestra que los ídolos de Babilonia en quienes confiaban los de ese pueblo fueron parte del botín que los persas se llevaron al conquistar aquel país.  “Se postró Bel y se abatió Nebo, no pudieron escapar de la carga”.  Como ídolos que representaban dioses inexistentes eran incapaces de proteger a los que en ellos creían.  En contraste, dice el Señor a Israel: “Oídme, oh casa de Jacob que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz, y hasta las canas y hasta la vejez os soportaré yo, yo hice, yo soportaré y guardaré” (Is 46: 3, 4).  Dios exhorta a Israel a confiar en Él.  Dice que a los ídolos de Babilonia es necesario cargarlos para llevarlos de un lugar a otro, pero que Él trae, lleva y soporta o sostiene a Israel.  El no necesita que lo carguen, Él sostiene a toda su creación y e Israel debe saber que quien sostiene nuestra existencia es el Señor.  Los idólatras equivocadamente confían en dioses hechos por manos de hombres.  Israel, el pueblo que conoce la Revelación de Dios no debe caer a ese absurdo.

Pero el Señor también nos recuerda desde donde nos viene sosteniendo.  Eso lo hace desde que estábamos en el vientre de nuestra madre.  ¿Allí que pena tiene un niño?  ¿Qué sabe él en el vientre de inflación, de recesión o de crisis económica?  ¿Qué sabe él allí de amenazas de guerra?  Y Dios desde allí lo está sosteniendo y guardando.  Es cierto que cuando ya somos grandes tenemos consciencia de la situación.  Pero ¿la aliviamos acongojándonos?  Claro que no.  El principio es confiar en Dios y proyectarnos con fe en Él ya que Él tiene el futuro en sus manos.  Eso sí trabajemos duro, esforcémonos en nuestras tareas.  Seamos buenos administradores ya que Dios también bendice la diligencia, no la pereza.  No dilapidemos el poco dinero y los pocos recursos que tenemos.  Pero estemos seguros que el que nos creó va a sostener nuestras vidas desde el vientre hasta la vejez.  Sólo con esa tranquilidad podemos ir hacia adelante con optimismo.

 

 

 

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