500 años de Reforma: Juan Calvino (2° parte)

Sus comentarios.

Se ha dicho y con razón que Calvino es uno de los mejores comentaristas en la historia de la Iglesia Cristiana.  El peso de los comentarios bíblicos que escribió se debe al estudio hermenéutico y exegético y a su estilo que es breve y conciso.  Hizo comentarios de la mayoría de los libros de la Biblia.  Los más conocidos son los de Romanos y Hebreos.  En cuanto a “Las Instituciones de la Fe Cristiana” su obra más importante de teología él mismo dice en su comentario al libro de los Salmos cómo y por qué la escribió.  Lo hizo en primer lugar para contestar las acusaciones contra los de la fe reformada y al mismo tiempo para defender sus doctrinas que eran consideradas como herejía.  La Institución fue dedicada al rey Francisco de Francia quien se había puesto en ese tiempo a la cabeza de los perseguidores.  La primera edición salió en 1536 en latín con seis capítulos.  En 1539 se volvió a publicar con 17 capítulos y su última edición en 1559 tenía 80 capítulos.  Se dice que así como la Summa Teológica de Tomás de Aquino influyó en la ICR (Iglesia Católica Romana), así fue el impacto de las “Instituciones” en el pueblo protestante.  Por medio de su vida, su predicación y sus obras, Juan Calvino dirigió a muchos a tomar el camino hacia Dios.  Calvino murió el 27 de mayo de 1564.

Algo de lo comenta en “Las Instituciones”

En el primer capítulo (acerca de la Ley), expone el Decálogo e indica el verdadero significado de la Ley para el cristiano  y la relaciona con Cristo.  También en este capítulo habla de la soberanía de Dios y su omnisciencia.  Por otro lado habla del hombre, de su ignorancia, su iniquidad, su impotencia, la muerte y el juicio.  La Ley, dice Calvino, fue primeramente impresa en la conciencia del hombre y luego fue dada por escrito para conocer la justicia perfecta y como espejo para contemplar el pecado y la maldición nuestra.

El capítulo dos habla de la esencia de la verdadera fe cristiana y da un ensayo acerca de la Divina Trinidad.  En cuanto a la fe, Calvino hace una distinción  entre dos clases de fe. (1)  La fe por la cual una persona cree que Dios existe. (2)  La fe por la cual creemos en Dios y en Cristo como nuestro Salvador.  Calvino también afirma su creencia en la Trinidad, la iglesia universal y la justificación divina que viene por la fe.

En el tercer capítulo toca la oración.  El dice que el cristiano debe orar en todo tiempo, en todo lugar y en todos los casos.  Usa como modelo el Padrenuestro.  Orar quiere decir, ante todo el someternos completamente a Dios y esperar como hijos su manifestación.

En el capítulo cuarto expone los dos “sacramentos” mandados por Cristo que son el bautismo y la cena del Señor.  Acerca del bautismo expone que éste nos confirma que todos nuestros pecados han sido borrados.  Seguidamente el bautismo nos muestra nuestra muerte espiritual en Cristo y una vida nueva en él.  En tercer lugar, el bautismo nos atestigua que somos de tal modo unidos a Cristo que somos partícipes de todos sus bienes.  El segundo “sacramento” es la cena del Señor.   Esta fue instituida por el Señor para confirmar nuestra fe en él.  El cuerpo del Señor fue entregado una vez por nosotros para que sea nuestro ahora y lo sea también en el futuro.  La cena del Señor sirve como una confesión ante los hombres y en último lugar sirve de exhortación.  En el resto de este capítulo refuta los errores de la ICR al respecto.

En el capítulo cinco trata de los cinco falsos sacramentos de la ICR.  Los critica básicamente porque son invenciones del hombre y no vienen de Dios.  Habla de la libertad cristiana, la potestad eclesiástica y la administración política.

Calvino hablaba mucho de la soberanía de Dios.  Declaró que Dios es omnipotente, y que gobernando como gobierna los cielos y la tierra en su providencia, interviene en todas las cosas de modo que nada acontece en el universo sin su consejo.  Calvino con coraje hizo frente al problema de si Dios es responsable, si nada ocurre sin la voluntad directa de Él, y por qué si los malos obran mal por el decreto de Dios, como en las Escrituras en muchos casos lo enseñan, hasta en la crucifixión de Cristo, debiera tenerlos por responsables.  En esto como en muchos otros asuntos citó a Agustín.  Enseñó que Dios está libre de toda mancha de injusticia y de maldad y que los hombres son responsables de sus hechos malos.  Calvino no soluciona la paradoja del la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre, sino que exhorta a la humilde aceptación de lo que enseña la Biblia.  Para Calvino como para Lutero, la justificación, o la salvación es por la fe, la cual puede venir solamente como resultado de la obra del Espíritu Santo.  Es ella más que el asentimiento intelectual de la verdad, es “un conocimiento de la divina benevolencia para con nosotros” y si ha de ser válido lo que la mente ha cogido, debe ser transfundido en el corazón.  La fe y el arrepentimiento se relacionan indisolublemente, al entender de Calvino, pero el arrepentimiento es resultado de la fe.  Por arrepentimiento se quiere decir el abandono de uno mismo y el acudimiento a Dios, el hacer a un lado nuestra mente y el asumir una nueva.  Es una verdadera conversión de nuestra vida a Dios, que procede de un sincero y serio temor de Dios, y que consiste en la mortificación de nuestra carne y del viejo hombre y en la vivificación del Espíritu.  Los frutos del arrepentimiento son el amor para con Dios y la caridad para con los hombres, con la santidad y la pureza en toda nuestra vida.

Sus preguntas puede plantearlas en esta página llenando el formulario de preguntas de la Reforma.

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